A los 7 años, una enfermedad comenzó a quitarme la visión. Años después, perdí totalmente la visión de un ojo y quedé con baja visión en el otro. Pero hubo algo que nunca perdí: las ganas de seguir adelante. Fui campeona paranacional, me convertí en maestra, superé un concurso docente y hoy enseño en una escuela rural a 12 horas de mi hogar, mientras curso un Doctorado en Educación. Esta no es una historia sobre lo que no puedo ver. Es sobre todo lo que aprendí a ver de otra manera.